Salud

El 30% de los niños en Argentina tiene sobrepeso

El sobrepeso y la obesidad son una epidemia en aumento en el mundo tanto en adultos como en la población infantil. En Argentina, por ejemplo, el 30% de los niños en edad escolar presenta sobrepeso y el 6% obesidad.

Las consecuencias de ambas patologías son graves, y están fundamentalmente asociadas a enfermedades crónicas no transmisibles como diabetes, hipertensión o enfermedades cardiovasculares. Para revertir esta epidemia es importante incentivar el desarrollo de una vida saludable basada en una buena alimentación acompañada por actividad física.

Y en este sentido hay que trabajar sobre lo que conocemos hasta ahora. Por ejemplo, en lo referido a la alimentación, sabemos que los hábitos de los niños están lejos de ser los recomendados porque solo el 17,6% de los chicos y chicas de 13 a 15 años consume 5 porciones diarias de frutas y verduras y la mitad de la población de esa edad consume 2 o más bebidas azucaradas por día.

“La infancia es el mejor momento para transmitirles a los niños hábitos que contribuirán a que sean adultos saludables. Por eso es importante trabajar sobre algunas estrategias simples que ayudan a mejorar la calidad de los alimentos que ingresan a nuestro cuerpo y al de los chicos”, aseguró la Dra. Victoria Falcón, pediatra de Swiss Medical Center.

PRINCIPALES ESTRATEGIAS
En primer lugar es importante priorizar la comida casera, dado que los alimentos procesados generalmente se presentan como productos atractivos para niños y adultos a partir de empaquetados visualmente atrayentes e invasivas estrategias de marketing.

Pero el problema es que el sabor se logra con grandes adiciones de sal, azúcar y grasa en los alimentos, todos estimulantes del paladar humano. Entonces, si bien muchas veces el azúcar no figura entre los ingredientes, si lo buscamos veremos que aparecen otros como jarabe de maíz, dextrosa y glucosa.

Esto pasa porque el producto base, al ser procesado, pierde gran parte de sus nutrientes y la pérdida se compensa con colorantes, resaltadores de sabor, conservantes y posteriormente vitaminas y nutrientes sintéticos.

Por eso, a la hora de comprar alimentos –planificar las compras también es otra estrategias válida porque nos permite comprar sólo lo que necesitamos- hay que leer las etiquetas de ingredientes y llevar los que contengan menor cantidad de aditivos.

También es clave aumentar el consumo de agua en detrimento de los jugos y las gaseosas que son bebidas con alto contenido de azúcar, incluso aquellas que son dietéticas. Beber ocasionalmente un jugo (de preferencia exprimido) puede considerarse saludable por su aporte de vitaminas; pero la realidad es que la mejor forma de aprovechar los beneficios de las frutas es comerlas enteras. Por eso, los padres deben priorizar el consumo de agua, que es el líquido que mejor hidrata a niños y adultos.

Otra estrategia tiene que ver con preparar platos balanceados,  ya que ingerir solo un tipo de alimento (ya sea verdura, fruta o un tipo de carne) limita la ingesta de nutrientes. Y dado que cada alimento aporta un tipo y una cantidad diferente de vitaminas, antioxidantes y aminoácidos, cuanto más variada sea nuestra dieta, mayor diversidad y densidad de nutrientes estaremos incorporando.

Finalmente, en cuanto a las porciones, la clave está en ajustar las cantidades y respetar la saciedad del niño para evitar que coma sin apetito y que incorpore el concepto de moderación. En este sentido, un plato de postre cubierto de comida es una porción adecuada para un niño.

Sobre la distribución, la especialista manifestó que “el 50% de la superficie del plato debe estar cubierta por verduras, de preferencia crudas, pero se pueden consumir cocidas, salteadas, con salsa blanca o en revuelto”.

Un cuarto de plato debe asignarse a la proteína acompañante, que puede ser carne de vaca, pollo, cerdo o pescado (cuyo tamaño debe ser equivalente a la palma de la mano del niño), o un huevo, aunque otra opción son las proteínas de origen vegetal; mientras que el cuarto sobrante del plato debe asignarse a un hidrato complejo, de preferencia integral (arroz integral, legumbres, batatas, papa, pastas etc.).

Por último, hay que sumar una fuente de grasa, como aceite vegetal, palta, frutos secos y aceitunas. En el desayuno y la merienda se puede comer una tostada, una galletita casera o cereal no azucarado, acompañado de yogur, queso o huevo, y una fruta.

“Si queremos modificar hábitos en chicos o adolescentes, hay que tener presente que pueden no estar de acuerdo. Por eso debemos hacer pequeños cambios tomando la salud como un objetivo a largo plazo y darles a los chicos unas semanas o un par de meses para asentarlo. Así mejorará la adherencia, bajará la frustración y se lograrán mejores resultados a largo plazo”, completó la Dra. Falcón.

SUMAR ACTIVIDAD FÍSICA
Estos hábitos de alimentación deben acompañarse con actividad física. Según un informe del Consejo Nacional de Actividad Física y Salud del Ministerio de Salud, el 83% de los adolescentes argentinos es insuficientemente activo. Por eso la infancia es el momento ideal para incorporarla como hábito para toda la vida.

La actividad física persigue 3 objetivos: reducir el sedentarismo, estimular la realización de actividad física y  mejorar la condición física.

Por ello, se recomienda tener en cuenta las actividades acordes para cada etapa:

*menores de 6 años: el tiempo de juego libre es el equivalente a la actividad física. Lo ideal es que lo realicen al aire libre, por ejemplo en plazas y parques.

*niños de 6 a 12 años: es el momento de la iniciación deportiva en un marco relajado, razón por la cual las actividades que se propongan deben ser divertidas y placenteras, y no necesariamente un programa de ejercicio formal. Se recomienda probar diferentes deportes (sin ánimo competitivo) para adquirir diversas habilidades.

*niños mayores de 10-12 años: en este momento se puede iniciar el deporte competitivo, dentro de un marco apropiado para la edad y condiciones físicas del niño. Las actividades grupales son muy placenteras en esta etapa, facilitando la adherencia.

“Es importante tener en cuenta que la participación de los padres en la actividad física mejora la adherencia y la salud familiar en conjunto. Para los chicos es más divertido y más fácil de incorporar como habito en su vida si comparten la actividad con sus papás o hermanos. Pasear en bicicleta, salir a patinar o a caminar, jugar a la pelota en la plaza  son todas actividades factibles para realizar en familia”, sumó la Dra.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguinos en Instagram

Notas relacionadas

Nosotros

Life+ es un sitio web dedicado a lo que más nos apasiona: comunicar, difundir y dar noticias. Y lo hicimos porque creemos que un estilo de vida más saludable -con un público más informado que lo lleve adelante- es posible. ¡Por y para eso trabajamos todos los días!

Enterate +