Belleza y cosmética

Claves para cuidar la piel

Se calcula que entre los 18 y 20 años una persona recibirá aproximadamente el 80% de la radiación solar a la que se expondrá durante toda su vida. Por eso, es importante proteger la piel desde la infancia tomando conciencia de los daños que puede traer a la salud.

Cuando estamos al aire libre nos exponemos a la luz del sol, fuente principal de la radiación ultravioleta (RUV), y los rayos UV dañan el ADN de las células de la piel lo cual puede favorecer al desarrollo de  cáncer cutáneo.

Entre los rayos solares se encuentran la radiación ultravioleta A y B (RUV A y RUV B), causantes de la mayoría de los daños en la piel, y la RUV C que no llega a la tierra por ser absorbida en la capa de ozono.

“Los RUV A componen el 95% de la radiación ultravioleta que llega a la piel y penetran en profundidad hasta llegar a la dermis, donde afectan las células y las fibras de colágeno y elastina. Pueden causar fotoenvejecimiento (la piel se torna fina, opaca, pierde elasticidad y presenta arrugas marcadas), intolerancia al sol o alergia solares (se manifiesta con picazón en todo el cuerpo y manchas rojas) y alteraciones de pigmentación. Pero lo más importante a destacar dentro de las alteraciones que provocan los RUV A es el cáncer de piel”, aseguró la Dra. Natalia Muñoz Balestra, dermatóloga de la Clínica Zabala.

Por su parte, los RUV B son los responsables del bronceado, pero también de quemaduras que predisponen a desarrollar cáncer de piel  y reacciones alérgicas.

Las zonas del cuerpo que están en contacto directo con el sol a diario durante años, pueden presentar lesiones que, en su conjunto, se llaman “fotodaño”. Este se manifiesta como: piel seca, laxa, adelgazada, arrugada y con manchas. Estas últimas pueden ser, marrones, blanquecinas o rosadas.

“Otra lesión que provoca la acumulación de radiación UV en la piel es la queratosis actínica, una patología pre-cancerosa, también llamada queratosis solar. Suele darse en personas mayores de 40 años con piel blanca. Se presenta, generalmente, en el cuello, la cara y el escote en forma de escamas  pequeñas y pálidas sobre un fondo rosado, por lo que se reconocen más al tacto que a la vista. Si se detectan a tiempo, se pueden curar sin mayor problema”, agregó la especialista.

En los casos más extremos, la exposición al sol y la excesiva radiación UV puede desarrollar cáncer de piel. 

Estos se pueden dividir en dos tipos: melanoma y epitelioma. El primero es uno de los más agresivos para el ser humano y se desarrolla principalmente en personas de piel y ojos claros que sufrieron quemaduras solares en la infancia o adolescencia.

Suele localizarse en zonas de exposición puntual, excesiva e intermitente como la espalda y las piernas, y se manifiesta con manchas oscuras que pueden crecer y transformarse en nódulos o úlceras.

Por su parte, los epiteliomas conforman el tipo de cáncer más frecuente que padece la humanidad. Se observa principalmente en la cara, cuello, pecho y manos. Su aspecto es variado pero lo más común para detectarlo es cuando una  lesión en la piel no se cura y se vuelve a lastimar.

PARA PROTEGER LA PIEL DE LA EXPOSICIÓN A LA RADIACIÓN UV SE RECOMIENDA

*Utilizar diariamente protección solar, incluso los días nublados ya que las nubes dejan pasar el 80% de la radiación UV. Lo mismo ocurre si estamos a  la sombra de los árboles, en donde se pueden filtrar los rayos del sol.

*No exponerse a los rayos UV entre las 10 y las 16 hs.

*Estar a la sombra en los horarios picos y con ropa adecuada: gorros de ala ancha que protejan las orejas y cubran el rostro y anteojos para cuidar la visión. También se pueden utilizar prendas con filtros UVA y UVB.

*En el caso de los niños lo ideal es que hasta pasado el año no se los exponga directamente al sol. Los primeros 6 meses de vida no se les puede aplicar protector solar por lo que deben mantenerse a resguardo.

*Al tomar sol, utilizar un protector solar con  factor 40 o superior, tanto en el cuerpo como en el rostro y reponerlo cada 2 horas. Además, hay que tener en cuenta que los protectores solares no filtran el 100% de la radiación por lo que el cuerpo siempre genera melanina y la piel adquiere un tono más oscuro.

*Al entrar en contacto con el agua, ya sea de pileta o de mar se debe  reponer la protección al salir  aunque el protector diga que es resistente al agua.

*Evitar el uso de camas solares. La Organización Mundial de la Salud (OMS) las considera cancerígenas, ya que estas emiten radiación UVA y la dosis acumulada es dañina. Algunos países como Australia, Canadá y Brasil prohibieron su uso.

Finalmente, es importante hacer una visita al dermatólogo una vez al año y realizar un control de lunares y lesiones nuevas de la piel, preferentemente en noviembre, antes de las primeras exposiciones al sol.

En los casos en que se presenten nuevas lesiones, manchas, lunares o que estos cambien de forma, piquen, sangren o se inflamen se recomienda consultar inmediatamente con un especialista.

 

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